En el bosque

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¿Perfecta… eterna?

Me escribiste perfecta.

Atendiendo a tu beso pensado,

a la caricia anhelada.

Pues mi razón y deseo

eran tu razón y tu deseo.

 

Me escribiste eterna.

Compañera  infatigable,

indiscutible creyente de tus dogmas,

dadora incansable ante tus caprichos,

cómplice permanente de tus fantasías.

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Pero, mientras me escribías,

tú pluma me insufló corazón.

Ese que atendía besos y caricias,

pero no veía dogma en cuanto decías.

El que opinaba callado ante  caprichos y fantasías.

 

Me escribiste perfecta, eterna…

ahora, no olvides escuchar a mi corazón.

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Autor: Sole Moreira

Derechos reservados

Necesidad apagada

Tu necesidad… se fue apagando,

pero mi mano solitaria, siempre encontraba la tuya.

 

Y me acostumbre a ese medio estar,

el hábito se convirtió en  modo y,

con el tiempo, esa ausencia estando

se tradujo en no necesitar yo de ti.

 

Mas, cuando la balanza parecía equilibrada,

tu mano comenzó a buscar la mía,

y yo la tomé gustosa, pero sin nervio.

Gustosa de ser compañera y amiga.

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El aislamiento despertó tu necesidad,

la necesidad atrajo tu urgencia,

la urgencia… decisiones precipitadas

y surgió el daño donde antes hubo armonía.

 

Pero mi mano, seguirá tomando tu mano,

mis sonrisas… buscando respuesta en las tuyas.

 

No confundas el no mover mis fibras

con un adiós o un final.

Porque, no sentiré la necesidad de saberte a mi lado,

pero siempre… siempre querré saberte feliz.

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Autor: Sole Moreira

Derechos reservados