Despertando la armonía

Tus notas son recuerdo
de la verdad de este tiempo,
mareas de conceptos
amigos de lo eterno.
Nuestro eterno.

Marcado perfil,
cresta de ola en invierno,
caricia de arena en verano.
No me dejes atrás.

Tu saludo inyecta magia
al café de mis mañanas.
Tu guiño impregna al día
de dulzura y esperanza.
¡Bendita esperanza!

Rescataste en el tiempo
la silueta de mis sueños,
vieja canción de cuna
perdida en la añoranza.
Mujer calma.

Marcada letra
derramando el dormido pensamiento,
acariciando suspiros.
Mente inquieta queriendo gritar.

Tu saludo despertó
la magia tacto de seda,
la que fluye con las mareas,
la que llora, abraza, ama.
Mujer vida.

Ahora, escribiendo notas
del rescate de una vida,
te regalo la armonía
de una vida compartida.

                                       Solemoreira

Desde mi alma










Hoy sin ti
quiero huir.
Hoy sin ti
vuelvo a oír
el sopor
de un día gris.

Falla el motor de mi consciencia.
Gana la noche y la tormenta.
Día gris
hoy sin ti.

Recuerdo mi abril
viviendo por ti,
un manto añil
abrigando mi sí.
Y sonrío
hoy sin ti.

Llorando tu amor y tu recuerdo,
hoy digo adiós a nuestro sueño,
prometiendo sea azul
el mañana sin ti.

He de volar
hacia otro mar
con mis recuerdos.
He de pintar
un nuevo cielo
con mis sueños.

Mañana activaré el motor de mi consciencia,
nuevamente despertará mi fuerza,
y desde mi alma
acariciaré tu esencia.

Solemoreira

Dos iguales

Entiende que:
Siempre seré espíritu libre,
caminando la noche descalza,
sin temor.
Hablaré con claridad al día,
aunque mi voz intentes romper.

Atrévete a:
Ver la verdad de mi reflejo,
el igual de nuestro ser,
sin temor.
Admitir que ya es hora de romper
las barreras de otro tiempo.

Distintas fisonomías,
voluntades, perspectivas,
preferencias, sintonías...

Acepta que:
Nuestros desiguales pasos
van hacia un mismo destino.
Un caminar
valorando la compañía del amigo,
cuanto habla de amor, caricias y risas.

Entiende que:
Da igual si soy él o ella,
lo que importa es la esencia.

Solemoreira

Tú, yo y este desastre de país 2

El viernes, la carga de trabajo resultó más pesada de lo habitual, pero había llegado la hora de poner rumbo a Asturias. Aunque en un principio, la pelea con sus vaqueros aumentó su desánimo; la vida sedentaria comenzaba a hacer mella en su cuerpo, (algo tendría que hacer con esos tres kilos de más, pensó tras ponerse una camiseta blanca, lo suficientemente holgada como para disimular la incipiente lorza que asomaba por encima de la cintura del pantalón), ya estaba lista para tomar carretera y tras asegurarse de que todo quedase en perfecto orden, Ana tomó con satisfacción su pequeña bolsa de viaje.

  • Ok. ¡¡Buen viaje!!- se deseó con efusividad antes de arrancar el coche.

Perderse entre el paisaje de la montaña era algo que disfrutaba sobremanera, tanto las montañas repletas de vegetación como las rocosas y grisáceas, con sus majestuosos desfiladeros, eran armónico descanso para su vista y su mente. El pantano de Luna estaba precioso después de la nieve y las lluvias invernales. Era primavera, junto con el otoño, su estación favorita, días en los que todo renace, vegetación floreciendo en un respetuoso saludo al sol.

  • ¡¡ESPERANZA!!- protestó, despertando de la ensoñación que le generaba el paisaje, al recordar la desastrosa situación del país.
  • No empieces… relaja- la amonestó su voz interior.
  • Si hombre, me voy a poner a hacer yoga ahora mismo en el coche- rezongó, y cómo protesta, pisó un poco más el acelerador.
  • Yoga no, pero ponte… Enya. Mejor aún, pon rock duro y cómete el mundo- le aconsejó ese diablillo que todos llevamos dentro y que, en el caso de Ana, llevaba días gritando, luchando por tomar las riendas de su vida.

Decidiéndose por Enya, Ana, sin detener la marcha, retomó sus analícos pensamientos. No le vendría mal una buena dosis de esperanza a cada español, a todo ciudadano del mundo; caos económico, pobreza, desilusión, ansiedad… ¿cómo culparles de olvidar el positivismos?. El munco gritaba un enmudecido auxilio, al tiempo que vivía en pasiva aceptación; salvo Francisco (pensó divertida) la personificación del optimismo.

A Ana todavía le faltaban 45 minutos de viaje cuando Fran, Luci y Alberto se disponían a instalarse en sus respectivas habitaciones del pequeño hotel situado frente a la playa.

  • Luci, tu habitación y la de Ana es la 203. Nosotros estamos en la 204, si sales a la terraza podría decirse que estamos en la misma- puntualizó Fran con un pícaro guiño, al tiempo que Luci tomaba la llave de sus manos para, acto seguido, dirigirse al ascensor escoltada por los chicos.
  • Muy bien ¡a inspeccionar!- exclamó ilusionada Luci, nada más cerrarse las puertas del ascensor- ¿Habrás acertado con el hotel, o tendré que sermonearte si no me gusta?- preguntó directamente a Fran, cambiando la sonrisa anterior por un gesto de preocupación.
  • ¿Ya vais a empezar?- les advirtió Al, justo cuando se abrían las puertas del ascensor en la segunda planta- Quiero paz colegas, dejad los roces entre convivientes para vuestro apartamento en Coruña- puntualiza sin ocultar que los susodichos roces le divertían.
  • ¡¡Oooh mamá, venga ya!!- se burla Fran- Entra- la invita jovial, nada más llegar a la habitación 203, chocando sus caderas tras abrirle la puerta- Te damos media hora de soledad reparadora- matiza con un guiño- luego te quiero abajo, tomaremos algo en la cafetería mientras esperamos a Ana.

A las nueve, hora prevista, Ana está aparcando su Lancer blanco frente a la terraza que daba la bienvenida al hotel. Aquel lugar tenía encanto, pensó echando un vistazo a su alrededor nada más bajar del coche; su hermano, el jovial chico de ciudad, sabía como desconectar.

  • Está prácticamente vacío- murmura mientras abre el maletero- ¡No me extraña, la gente no tiene un duro!- concluye cabreada.
  • Ana, para ya- le ordena su vocecilla interna.
  • Hummm… de acuerdo, pero es verdad- protesta antes de cambiar su semblante de preocupado a neutral- Hay que reconocer que este hotel en medio de la cala, rodeado por alguna que otra casa diseminada en la ladera de la montaña, tiene su punto. Me prometió que desconectaría y…- su divagación fue interrumpida por una voz que conocía a la perfección.
  • Hola guapísima, siempre puntual. Deberías contagiarle esa buena costumbre a Francisco- puntualiza Luci entre risas, acortando la distancia entre ambas- El pobre se esfuerza, pero no hay manera- admite rendida ante la evidencia; llevaba años escuchando la firme promesa de Fran de llegar puntual, pero era imposible que llegase a cumplirla alguna vez- ¿Será genético? tu mami es igual- recuerda justo antes de asaltarla, literalmente, con uno de sus súper abrazos y dos efusivos besos. Típico en Luci, una persona muy cariñosa e impulsiva que se aferraba a sus amigos con uñas y dientes.
  • ¡¡Mi morena favorita!!- celebra Ana, regalándole la misma efusividad que Luci le estaba brindando con su abrazo- Que ganas tenía de verte- acepta complacida de tener nuevamente a su lado a aquella morena de mirada analítica, estatura media y complexión sumamente delgada, vestida con una de sus queridas minifaldas negras y una camisa blanca de hilo- ¿Me echas una mano con esto?- le pidió señalando el equipaje.
  • Ana, ¿El portátil?- la reprende Luci, con los brazos en jarras en señal de reprobación y el gesto interrogante de su mirada- No tienes remedio. Deja, ya subo yo todo esto a la habitación- decide Luci, apoderándose de la bolsa de viaje y el maletín de trabajo- Ve con tu hermano, está deseoso de abrazarte- puntualiza con un cariñoso gesto- Lo encontrarás en la terraza con Al, subiendo la escalinata a la derecha.
  • Gracias Luci, la verdad es que me muero por darle un achuchón. Y también de sed- añade bromista. Repentinamente detiene su avance hacia la escalinata, su expresión vuelve a denotar seriedad, volviéndose hacia Luci le pregunta- ¿Cómo va la librería?
  • Sin comentarios. Cómo esto siga así voy a tener que sentarme contigo a estructurar un nuevo plan de negocio- la avisa e invita, dejando por un momento la bolsa de viaje en el suelo para estrecharla con el brazo libre- Me temo que ya es hora de modificar el concepto de librería como tal- el semblante de la pequeña “bióloga-librera”, como la llamaba Fran, se tornó serio, tomo aire, cerró los ojos y acto seguido una pícara sonrisa volvió a asomarse a su rostro- Pero ya hablaremos de ello, ahora a desconectar- le ordena-. Me parece que a todos nos hace falta un balón de oxígeno- tras mirar a su alrededor, gritó al viento- Fuera preocupaciones. Y a disfrutar de lo que queda de este viernes y ¡toooodo el sábado!
  • Cuenta con ello canija. Con la ayuda y con el balón de oxígeno- especificó sonriente al tiempo que subían la escalinata.

En cuanto vió a Fran su cara se iluminó con una sonrisa bobalicona; no podía evitar que se evidenciara su adoración por él. Su hermano era como un amoroso osito de peluche de pelo castaño con brillos dorados, de mirada revoltosa y alma de niño. Ana tampoco podía ocultar la ternura y el amor, que surgía de muy adentro, cada vez que, aquel adicto a los vaqueros rotos y jerseis de cuello en pico, la premiaba con su presencia. Eran hermanos, amigos, confidentes. En verdad ambos habían tenido mucha suerte con su familia; cuatro personas que cuando venían mal dadas tenían la fuerza de cien.

  • ¡ Mi hermanita!- gritó Fran, nada más verla, levantándose para acogerla entre sus brazos y regalarle un par de giros al vuelo- ¡El revoltijo cerebral más sexy que hay en la tierra! ¿A que tengo razón, Alberto?- pregunta, todavía eufórico.

Al se mantuvo callado, tan solo los observaba. Eran escasas las ocasiones en que había coincidido con Ana, pero todas ellas permanecían grabadas en su retina. La hermana de Fran jamás lo dejaba indiferente, esa chica tenía algo, el qué, no lo sabía, de lo que sí era consciente era de ese algo indeterminado que se movía en su interior cada vez que la tenía cerca. El día que se le ocurrió sincerarse con Fran sobre ese tema, este se limitó a mirarle con picardía y emitir un analítico y complacido ¡Bueno, bueno!. Ahora, si no quería parecer descortés, adjetivo que no iba con él en absoluto, tenía que abandonar su reflexión y unirse a los hermanos Moreno.

  • Ana- la saludó tras levantarse, al tiempo que le brindaba su mano para invitarla a tomar asiento, una costumbre innata en él- siempre es un placer verte.
  • ¡Qué sorpresa!- se apresuró a puntualizar, regalándole una sonrisa mientras se acomodaba en la silla- No pensé que Francisco consiguiera arrastrarte hasta aquí, me alegra verte. Sé bueno y pídeme una coca-cola light- pidió a su hermano- me muero de sed- acto seguidó sacó de su bolso la pitillera para fumarse uno de los diez pitillos que se permitía al día; poco a poco conseguiría dejar de fumar.
  • ¡Sí chatina, pero no con el estrés que traes encima! – le advirtió sin demora su yo sensato. Esa voz interior comenzaba a ser un verdadero incordio, o se ponía las pilas o la bruja sabionda que llevaba dentro dominaría sus días.
  • Ya conoces a tu hermano, es difícil decirle “no”- aceptó en tono desenfadado.
  • ¡Ese es mi hermano!- se congratuló, sin poder evitar que asomara a sus ojos el amor fraternal que los unía.
  • Pero además, para serte sincero, este es el tipo de escapadas que más disfruto- puntualizó alzando su botellín a modo de brindis para, acto seguido, dirigirlo hacia el paisaje que los rodeaba .
  • ¡Bendita tranquilidad!- celebra Ana, tras improvisar una tumbona con la silla que tenía en frente y centrar su mirada en el mar.

El momentáneo silencio se desvaneció con la llegada de Luci y Fran. Mientras Ana seguía la fluida conversación que mantenían estos dos, Alberto, a pesar de responder a las risas y bromas de los demás, centraba su atención en cada gesto y respuesta de Ana.

Se sentían tan complacidamente perezosos que no dudaron en pedir algo para cenar en la misma terraza; la temperatura era muy agradable para ser primavera.

¿Para qué movernos si estamos tan a gusto?, había dictaminado en tono práctico Fran.

Las vistas eran impresionantes, una pequeña cala con dorada arena fina, un mirador de madera delimitando un jardín desde el cual podías recrearte en el ir y venir de las olas… Cuando estaban con los cafés, Luci propuso acercarse a Gijón; algo de buen ambiente nocturno, una copa… Tenía ganas de marcha, desentumecer la musculatura y quemar las calorías de la cena meneando el esqueleto. Cómo era habitual, Fran se sumó a la propuesta de inmediato, pero tanto Ana como Alberto declararon no sentir curiosidad por un Pub lleno de gente, a ambos les atraía la idea de explorar las laberínticas calles del pueblo y saborar la nocturna tranquilidad de la cala.

El destino, las circunstancias…vete tú a saber el qué, el caso es que por fin Alberto tenía la oportunidad de conocer a la mujer que se escondía detrás de la hija con mayúsculas, y esa idea no le desagradaba en absoluto. Esa chica morena de ojos verde musgo, tenía una mirada que magnetizaba, su metro sesenta de estatura lo animaba a protegerla y la aureola de soledad que flotaba a su alrededor lo incitaba a entrar en su mundo, quería compartir su soledad. Esta era su oportunidad y no la desperdiciaría.

El pueblo era muy pintoresco, personalizadas casas de piedra de una o dos alturas con amplias ventanas adornadas con contraventanas de madera. A pesar de la oscuridad, se podía ver cómo salía el humo de las chimeneas y la Ana amante de la jardinería, aunque no conseguía distinguir bien la distribución de los diversos jardines, se dejaba llevar por los diversos aromas hasta adivinar algunas de las plantas que crecían en los mismos, jazmín chino, tulipanes, alhelíes, clemátides… . Casas de piedra y frondosos jardines diseminadas por la ladera de la montaña simulando un cálido saludo a cuanta historia perdida traía el mar.

El silencio acompañado por la melodía del oleaje, la luz tenue de las callejuelas y el olor a mar y flores, consiguieron sosegar poco a poco el dilema interno de Ana, hasta el punto que finalmente pudo apreciar lo cómoda que se sentía paseando sin rumbo con Alberto al lado, era como si cada uno estuviese en un mundo aparte y aún así se sentía acompañada. No había conversaciones forzadas, sonrisas porque sí, no, no existía la necesidad de buscar la palabra adecuada, de mantener formalismos y poses, todo lo contrario- ¡curioso! apreció Ana, porque a pesar de ello se sentía acompañada ¡muy bien acompañada!

Aunque jamás lo había admitido en voz alta, lo cierto era que la presencia de Al no le era indiferente, todo lo contrario. Por supuesto que su aspecto no pasaba desapercibido para nadie: un hombre alto, fuerte pero sin llegar a ser la imagen de un amante de la alterofilia, elegante en modos y presencia. Lo cierto es que Ana se perdía de manera inconsciente en la profundidad de la mirada de aquellos ojos azul grisáceo enmarcados por espesas pestañas, en la seguridad que le brindaba la expresión de firmeza de su semblante y su apretón de manos; unas manos finas, de dedos largos y tacto suave, que cuando las estrechó por primera vez agudizaron su sistema nervioso; en más de una ocasión había soñado despierta con ellas en el porche de su casa. Pero hasta el momento nunca se había permitido estar a solas con él, cómo ahora, no podía evitar sentirse desnuda ante su mirada y eso la incomodaba, de algún modo traspasaba el hermetismo que Ana utilizaba como arma de defensa ante aquellos que no formaban parte de su círculo, por ello fue gratificante comprobar cuanto disfrutaba de su compañía.

Alberto, que caminaba unos pasos detrás de ella, salió de su propio ensimismamientos y la llamó

  • Ana, ¿Te apetece tomar algo en la sidrería que está junto al acantilado?
  • No… no estaría mal- respondió tras sobresaltarse; Alberto tenía un tono de voz profundo y la había pillado desprevenida- Pero casi prefiero dar un paseo por la playa- especificó casi rozando la timidez ¿Por qué su corazón se había puesto a tamborilear cual festivo villancico con solo escuchar su nombre de boca de Alberto?
  • ¿Qué pasa?- quiso saber, ante el evidente estado de inquietud que mostraba Ana en aquel instante. Al le tomó la mano e hizo que lo mirara- ¿Todo bien?
  • Sí, sí. Estaba absorta en mis pensamientos, nada más- Ana suspiró, se encogió de hombros y una sonrisa fue apareciendo poco a poco en su rostro mientras observaba a Alberto.
  • Ok. Vamos pues a explorar la playa- Al frunció el ceño en actitud pensativa mientras tomaban el camino a la playa- Por cierto, Fran me comentó que necesitas evadirte un poco… pero si además necesitas un oído dispuesto a escuchar, estoy aquí- Háblame- la invitó. Me gusta lo que veo pero no lo que percibo, pensó.
  • Te lo agradezco, de veras- Ana gesticuló con la mano que tenía libre como queriendo deshacerse de sus preocupaciones- pero podría llegar a aburrirte si suelto todo lo que llevo dentro ahora mismo.
  • ¡Por favor, abúrreme un poco!- la animó apretando la mano, con la cual la agarraba, mientras le ofrecía una media sonrisa.

Ana… ¡¡NO SERÁS CAPAZ!! disfruta de tan agradable compañía, dale una alegría al cuerpo, haz un poco el cabra, vuélvete loca por una noche. Ahora se hacía presente su yo diablesco, el que faltaba en esta excursión, pero Ana decidió omitirlo, igual que hacía con su yo angelical.

  • ¿Nunca te has sentido incomprendido hasta el punto de auto-cuestionar tu verdad?- preguntó Ana encogiéndose de hombros en señal de impotencia- Tener clara la vía más factible para llegar a la resolución de un problema y ver como esta es rechazada sin más.
  • Sí…- el doctor Caballero, no pudo evitar lanzar un resoplido- Llámalo proceso de aprendizaje, de madurez… Creo que todos pasamos por ello alguna que otra vez y está en nosotros el determinar si en verdad merece la pena defender esa idea. Si es así, hay que buscar el camino correcto para que los demás vean lo que tú estás viendo y a ellos se les escapa- El momentáneo silencio que se instaló entre ellos, lo llevó a recordar como lo atraía esa mujer. Las manos de Alberto querían abrazar, acariciar, pero no había lugar para ello en ese instante, así pues, para evitar tentaciones decidió soltarse de Ana y meterlas en los bolsillos.
  • En este caso es complicado. Créeme- esa voz denotaba rabia contenida, lo cual no pasó desapercibido para Alberto.
  • Te escucho- se apresuró a decirle, animándola a continuar el camino hacia la playa.
  • Cuando consigues una estabilidad, cuando finalmencte ves que tus sueños sí tienen posibilidades, te cuesta mirar a derecha e izquierda, si ello te lleva a contemplar algo que no te gusta, sigues en línea recta. Es humano, lo sé, pero no hay humanidad en ello.
  • Te sigo. Tu vida no va a dejar de ser lo que era por ayudar al de al lado, si puedes.
  • Efectivamente, incluso puede llegar a ser mejor. Pero no en este caso.
  • ¿Ana, en qué o con quién te has metido?- Alberto interrumpió el paseo y comenzó a analizarla con mirada inquisitiva.
  • Últimamente el tema favorito de mi madre es la inutilidad de la palabra “se la lleva el viento”, “todos opinan, nadie actúa”… Esas son sus frases favoritas- recordó sin poder evitar sonreír. Pero enfado e indignación se instauraron nuevamente en su rostro- Yo decidí actuar, afiliarme a un partido y dar mi opinión- tras un frustrante suspiro continuó- No gustó, te lo puedo asegurar. ¿Qué clase de políticos gobiernan hoy en día? Ellos mismos se están cargando el sistema, exprimen al ciudadano de a pié hasta límites insostenibles. Lo que más me enerva es que saben lo que procede hacer, pero no les interesa hacerlo. Llegan al Congreso y al Senado gracias a favores de terceros y una vez dentro lo que prima es quedar bien con esos terceros aunque para ello tengan que pisar al ujier de la sala, al autónomo que sube cada día la trapa de su negocio con la esperanza de llegar a fin de mes…- Ana había perdido la serenidad conseguida durante el paseo, por ello Alberto entendió la necesidad de cambiar el tono de la conversación; por más que lo cautivara la pasión con que su acompañante se expresaba, era tiempo de calmar sus ánimos.
  • Ana, no soy tu médico, pero ahora mismo te voy a prescribir un antídoto- su tono de voz era enérgicamente sereno- Di lo que tengas que decir en esas reuniones, hazles ver tus razonamientos, pero no pretendas conseguir resultados inmediatos ni lleves al terreno personal sus reacciones, dales tiempo. – Alberto la tomó por los hombros y mirándola a los ojos le ordenó- Ahora desconecta, disfruta un poco de la noche.
  • Has empezado tú, te avisé- puntualizó, señalándolo con un dedo acusador y los ojos achinados.
  • Sí, pero ya fue suficiente desahogo por hoy. Ahora respira, todo volverá a su cauce normal. Esperemos que no se demore demasiado, el tema es preocupante, cierto, empieza a afectar a todos los sectores, cierto también. Pero, como bien has dicho hay una salida, solo es una grieta pero se ensanchará, puedes estar segura. Ahora bien, has de seguir con tu vida, es loable que quieras aportar tu granito de arena, sin embargo estás dejando que tu vida se centre en ese granito y eso no es bueno.

Ana contempló cómo la luna se reflejaba en el agua con sus destellos plateados mientras lo que decía Alberto se iba filtrando poco a poco en su cabeza. Ella misma llevaba una semana repitiéndose lo mismo, pero su necesidad de ser escuchada, de analizar los por qués, era superior a ese razonamiento.

Haciendo a un lado su último mes, decidió volver al instante presente. Ahí estaba su acompañante, el incondicional de su hermano, un enigma para ella nada indiferente … Esa mata de pelo negro azabahce agitada por la brisa, esos ojos azul grisáceo que la miraban de manera inquisitiva, profunda. En un acto reflejo Ana subió su mano, la llevó hacia él y tocó el mechón que se empeñaba en ocultar uno de sus preciosos ojos. Dios, como la atraía, polos opuestos que necesitaban estar juntos – ¿Antídoto? Tú eres el mejor antídoto. ¿A qué sabrá esa boca? Bésame -El yo diablesco de Ana estaba activo nuevamente.

El corazón de Alberto se paralizó tan pronto Ana rozó su frente. Ya no existían Fran, Luci, playa o montaña, solo ellos dos y la brisa que los envolvía convirtiéndolos en uno. Al instante algo hizo clic en su inteiror y, sin pensarlo, asaltó esa boca que pedía a gritos ser besada, su sabor era… era agridulce, como el temperamento de Ana, fuerte cuando creía en algo, meticuloso templado cuando buscaba por qués, todo eso se reflejaba en su forma de besar. Quería abrazarla, llevarla con él a un punto sin retorno, sentir su cuerpo, recorrerlo hasta transportarla a un mundo lleno de luz, de sol, su sol, el que le permitía recargar pilas, el que siempre conseguía hacer de él una persona optimista; un mundo de calor, ese calor que surge cuando las personas conviven en paz y armonía, cuando hay amor y comprensión. Pero también un mundo lleno de energía, la que brota cuando dos seres, que todo lo comparten, tienen puntos de vista diferentes sobre la vida y los defienden con uñas y dientes hasta que uno de los dos se da por vencido, o hasta que llegan al punto de intersección entre dichas posturas, esa energía que brota cuando llega el momento de hacer las paces, de brindar por lo conseguido. Porque ese mundo no sería perfecto sin alguna que otra confrontación, pensó divertido, sí, toda discusión bien llevaba tenía un punto excitante, en doble sentido, pues no hemos de olvidar que el sexo después de una acalorada discusión es la leche.

La mano derecha de Al masajeaba el cuello de Ana justo en ese punto tan sensible y con la izquierda en su cintura la mantenía pegada a su cuerpo. Podía notar como vibraba el cuerpo de ella y como el suyo pedía más, aquí y ahora. La soledad de la playa, a esas horas, lo invitó a divagar. Empezaría mordiendo esos deliciosos hombros mientras masajeaba su espalda, el costado y bajaba hasta sus nalgas para ceñirla a su cuerpo haciéndola sentir su propia excitación. Lentamente se desharía de la barrera formada por sus camisetas, la cogería en brazos y la tumbaría en la arena a los pies del mirador, recorrería sus piernas hasta saciarse de ellas y luego, desprendiéndose de todo lo demás con el sonido de la noche como música de fondo, la soborearía poco a poco.

Ana fue la primera en romper la conexión. Qué había pasado, eran tan distintos, ella tan complicada y él tan resuelto, ella tan vital y él tan sereno…

Sí, vale, todo lo que tú quieras corazón, pero te lo estabas comiendo con los ojos… y te gustó- que si me gustó, respondió Ana a su propio pensamiento, ahora mismo no sé ni cómo me siento- Habla, dile algo ¡y Dios!, no precisamente sobre el come cocos que te traes en la cabeza.

  • Muy efectiva su maniobra de distracción, Doctor Caballero- se pronunció Ana con voz entrecortada, manteniendo sus manos hundidas en el cabello de Al.
  • Se hace lo que se puede, señorita Moreno. Y la verdad es que me ha gustado, me ha gustado mucho- declaró con su innata voz profunda. Con un movimiento rápido enmarcó la cara de Ana con sus manos y le robó un segundo beso- Volvamos al hotel, el día ha sido largo y quiero una cita contigo mañana a las ocho, antes de que los dos gandules que nos acompañan amanezcan.
  • Alberto, no sé si será buena idea- Ana se sintió insegura, sus relaciones a este nivel nunca habían llegada a buen puerto y menos la última; aquel capullo asqueroso hizo que se sintiera como un microbio, la había anulado como persona.

Pero Dios, tenía que reconocer que nunca había sentido nada igual. Cuando Alberto la besó se lo hubiese comido allí mismo, en ese momento no existía nada más, solo pasión, necesidad de tomar lo que tenía entre sus manos.

  • Sin discusión…- Alberto se puso serio- Ana, quiero entender lo que está pasando aquí- la rodeó con sus brazos, sus cuerpos se acoplaban perfectamente, y con una sonrisa de lo más sensual dijo- siempre me has atraído, hay algo en tí que me llama, ya va siendo hora de saber lo que es. Te espero en recepción, desayunamos y luego nos vamos a explorar… la costa- señaló en tono imperativo.
  • Alberto- Ana se pasó las manos por su melena y con una sonrisa nerviosa dijo- ¿Siempre eres tan impetuoso?, parece que no me queda otra que contestar: a sus órdenes amo, y no me gusta cómo suena.
  • Señorita, no me impongo- respodió de lo más seductor. Rodeándola con sus bazos la atrajo de nuevo- Pero tampoco me ando con rodeos, cuando veo algo que quiero me lanzo a por ello- sus ojos la miraban de forma tan intensa que Ana sentía como si la estuviese escaneando.
  • ¡Vale doctor!- aceptó en tono de guasa y, soltando un fuerte suspiro, confesó- A mí tambien me gusta lo que veo. Pero también me gusta el chocolate y no por ello lo ataco en cuanto lo veo- dicho lo cual, le guiñó un ojo e hizo ademán de soltarse.
  • No te escapes. Me encanta esa boca- la besó como si quisiera devorarla- Me gusta tu genio- le mordió el labio inferior- Y te quiero conmigo mañana para desayunar- esto último lo dijo con firmeza, pero en un susurro que penetró en Ana hasta hacerla estremecer.
  • ¿No hay alternativa?- concluyó aparentando resigación, al tiempo que su interior sonreía como una niña de quince años.
  • Ummm Ummm- negó Alberto.
  • Tú ganas- Ana no pudo evitar reírse ante esto último.

Ya instalada en la soledad de la habitación, Luci seguía de copas con Fran, Ana no pudo evitar que su mente analítica volviera al ataque.

  • No deberías haber aceptado, ya tienes bastantes complicaciones como para sumarle una más, Ana… cuándo aprenderás.
  • ¡Vaya por Dios!, ya está santa Ana dándole vueltas a ese cerebro suyo.
  • ¡Oh no! esa voz otra vez ¿Qué he de hacer para que me dejes en paz?.
  • ¡Lo llevas claro!. Tan solo soy tu otro yo, el diablesco, al cual llevas mucho tiempo sin hacer caso y el cual considera que ya va siendo hora de que se lo hagas.
  • No necesito ningún Pepito Grillo, sé lo que quiero y a donde voy.
  • ¡Ja, si eso fuera cierto no estaría yo aquí! Quizá si dejaras de pensar por un momento que lo tienes todo tan claro, y dejarás un poco de espacio en nuestra vida a lo inesperado, no me hubiese despertado ¡Te aseguro que estaba muy a gusto tumbada en mi sofá leyendo un libro tras otro!
  • ¡Pues vuelve a ello! ¿Quién te ha llamado? Yo no
  • Deja de quejarte señorita sabionda y a dormir, mañana nos espera un día interesante.

El paseo matutino fue… interesante, sí. A pesar de la diferencia de carácter (impulsiva vitalidad frente a metódica serenidad), tenían muchas cosas en común desde los gustos musicales hasta la forma de evadirse, pero sin embargo era muy distintos en el modo de resolver los problemas. Ana lo meditaba, los desmenuzaba, siempre tenía que existir un por qué y no se detenía hasta dar con él, Alberto sin embargo veía claros los motivos y buscaba prácticas soluciones ayudado por la lógica (por muchas vueltas que le diera dos más dos siempre sumaban cuatro y eso era incuestionable).

Antes de encontrarse con el resto del grupo, Alberto decidió que era momento de dejar las cosas más o menos claras entre ellos; al menos por su parte, sabía que a Ana le costaría embarcarse en una relación. Envuelto en su carácter resolutorio, se paró delante de ella, de modo que no pudiese dar un paso más, la tomó por los hombros y clavando su mirada en aquellos ojos de mirada tan intensa dijo:

  • Ana, llevo tiempo sospechando que pondríamos funcionar como pareja, y estos dos días, en los cuales finalmente he conseguido estar a solas contigo- remarcó- solo han servido para confirmar mis sospechas…
  • No sigas- Ana puso su mano sobre la boca de Alberto, la cual fue atrapada por este en cuestión de segundos.
  • Calla y escucha. Déjame intentarlo, danos una oportunidad…
  • No…, no tengo interés en implicarme en una relación ahora mismo- afirmó rotunda, al tiempo que se giraba para no seguir atrapada en esa mirada intensa cómo el acéano.
  • ¡Qué, qué! . ¿Qué has dicho?, No me lo puedo creer. ¡Serás cabezota!, sabes que tiene razón. No todos los machos son alfa, pero si es… está para comérselo, se te está poniendo a huevo y tú dices NO AJJ
  • ¿Qué necesitas, espacio? Lo tendrás- Al volvió a ponerse frente a ella y, tomándola por la cintura, para evitar perder nuevamente el contacto visual, prosiguió- No voy a admitir un no tan fácilmente. Tú no quieres implicarte, pues yo me implicaré por ambos- había tomado una decisión y se mantendría firme en ella; eso fue lo que vio Ana en su mirada y le respondió fulminandolo con la suya.
  • ¡Y luego soy yo la cabezota!- Joder, este tío entra a saco. Pasar de conocidos a algo más, puede, pero pensar a la de ya en una relación, no, no quiero, no puedo- No entiendes español- la estaba sacando de sus casillas- ¿Lo quieres en inglés, chino, mandarín…- la reacción de Ana no lo molestó en absoluto, de hecho la sonrisa se fue ensanchando en su rostro. Pasando suavemente el pulgar por su mejilla, Al silenció a Ana y prosiguió.
  • No es cabezonería, lucho por lo que considero importante y, créeme, tú lo eres peque.
  • ¿Cómo puedes estar tan seguro?- la dejó perpleja- Atracción… vale sí no te niego que me atraes y mucho, desde hace tiempo, pero eso es todo , se acabó- Había tomado una decisión y con firmeza se lo hizo saber- No considero que sea motivo suficiente para comenzar una relación.
  • Escúchate- Alberto se mantenía impasible ante el enojo de Ana; su postura era firme y sabía que perdiendo los nervios no iba a conseguir mejores resultados.- Aférrate a esa atracción y déjame entrar en tu vida- Al soltó un suspiro de frustación- Arriesga un poco Ana y… confía en mí, confía en esto, tú y yo- Ana se desprendió de las manos de Alberto y se apartó.
  • Aunque , cómo dices, me arriesgará… sigue siendo complicado. Tú en Coruña, yo en León- el enojo de Ana comenzaba a mitigarse, dando paso a un razonamiento muy lógico- No tiene sentido. Dejémoslo así. Este fin de semana era lo que necesitaba y he encontrado más de lo que esperaba. Me has hecho olvidar por momentos el come cocos que traigo encima desde hace un mes ¡Y créeme, no es tan fácil que eso suceda!- Ana gesticulaba mientaras reconcía, ante Al, más de lo que tenía pensado reconocerse a sí misma. En cuestión de segundos sus manos enmarcaban la cara de su acompañante y de su boca se escapó- Es más, estaré encantada de volver a verte- ¿He dico yo eso? pensó alarmada- Pero una relación no, Alberto, ahora mismo no- el susodicho suspiró, se cruzó de brazos y acto seguido dijo
  • De momento no insistiré más, voy a respetar tu opinión, pero esto no se va a quedar así- esto último lo matizó con una sonrisa, y un guiño bautizado con un beso de los que a Ana le hacían olvidar… Acto seguido, se encaminaron hacia la playa donde Fran y Luci los estaban esperando- Te llamaré, no lo dudes…, a lo mejor más veces de las que puedas soprtar- se encogió de hombros y acarició su nariz- ¿Me cogerás el teléfono?
  • ¡Y que tendrá que ver el tocino con la velocidad!- contestó en tono distendido, sin poder evitar cierto regocijo interno por la insistencia de Alberto en comenzar una relación- Por supuesto que responderé a tu llamada. Umm salvo que este reunida y… tengo muchas reuniones- puntualizó, sin poder evitar reírse cuando Al le regaló una mirada reprovadora- Ahora me gustaría disfrutar un poco de la compañía de mi hermano.

Alberto posó su mano en la cintura de Ana, le robó un último beso saboreando el cómo esa mujer le hacía hervir la sangre y, cómo no, reconociendo que lo sacaba de quicio más que cualquier otra. Y, ¡por todos los santos!… ese hecho lo hacía sentirse más vivo que nunca.

  • Muchas reuniones, muchas reuniones- sopesó, más que reprochar. Y regalándole una sonrisa, al tiempo que comenzaba a urdir un plan de conquista, la invitó a retomar el camino hacia la playa- Anda vamos, no sé por qué te haces tanto de rogar. Estás deseando volver a verme tanto cómo yo a tí.

Tú, yo y este desastre de país 1

Comprobar, por enésima vez, el cómo la ambición mal entendida, la usura en estado puro y el egoísmo eran el motor de la clase política siempre conseguían el mismo efecto en Ana: en primer lugar despertar su yo revolucionario, en segundo lugar sus ganas de borrarlos del mapa y por último dejarla con el sabor amargo de la impotencia; sensación que el carácter de Ana se negaba a aceptar por más de dos segundos. A esta gallega, afincada en León, le gustaban los retos y, por más que su anatomía animase a otros a verla como una treinañera sensusal y delicada, su verdad era otra, se haría escuchar aunque le fuese la vida en ello. Tal vez no pudiera eliminar la sensusalidad que desprendían sus maneras y modos, pero poseía el carácter fuerte de una guerrera nata.

La inquietud, provocada por cuanto había escuchado en la reunión de esa mañana, la mantenía absorta hasta el punto de olvidarse de escrutar cuanto la rodeaba de camino a su coche (actitud adquirida desde su desagradable experiencia con Miguel, su ex. Un momento tormentoso en su vida, tres años atrás, que había agudizado sus alertas y anulado su visión romántica de las relaciones de pareja). Necesitada de aplacar sus ganas de golpear a algún que otro político, en un intento de reorganizar sus neuronas, se tomó un momento apoyada en su coche para observar la montaña leonesa; era una acción que siempre le funcionaba, pero ese día no surtió efecto.

  • No hay manera- el cabreo de Ana era tal que no pudo evitar explotar verbalmente al entrar en su coche, mientras tomaba un coletero para recogerse el pelo; gesto que denotaba hasta que punto la invadía la fatiga mental- ¡Puñeteros políticos!- gritó al fin mientras arrancaba el coche hacia Santo Domingo, centro neurálgico de la ciudad
  • RECORTES ¡recortes y más recortes! ¡Estoy hasta los mismísimos! Parece que esa acción que comienza por “r” es su palabra favorita para todo- Menos para sus bolsillos, los reprendió mentalmente al tiempo que aparcaba el coche para dirigirse a un ambiente más ameno, su oficina- ¿Cuándo les entrará en su cabezota que esa no es la solución? Llega un momento en que un balón pinchado no admite más parches.

Ana, cómo muchos otros, estaba hasta el gorro, sumamente decepcionada con el modo de hacer de la clase política mundial. Cuando salía de las interminables charlas, con sus compañeros de partido, sentía unas ganas tremendas de volver a la sala de reuniones y dar puñetazos a diestro y siniestro; tal vez ese era el único modo de despejar sus mentes y hacerles ver más allá de sus propios intereses.

A sus 33 años se encontraba desempeñando el trabajo de su vida y, al mismo tiempo, ejerciendo de asesora en otro en el cual se encontraba con las manos atadas. Veía tan claro el comienzo para la solución de los problemas económicos, y tan difícil el conseguir que hicieran caso a sus sugerencias.. No se tenía por más inteligente que sus compañeros, la diferencia radicaba en que ellos se dejaban egullir por el SISTEMA, puesto que si cambiaban una mínima parte del mismo sus preciosos traseros podrían terminar en la calle.

El sabor amargo y el sentimiento de impotencia permanecían en Ana cuando entró a su despacho, un pequeño cubículo sin ventanas separado del resto de la oficina por una mampara de cristal. Pero era suyo, su rinconcito del mundo en el cual también se tiraba de los pelos, cuando las ideas no fluían, como se daba palmaditas en el hombro tras un trabajo bien hecho. Nada más entrar en el despacho recibió una llamada comunicándole que la próxima semana tendrían otra reunión del gabinete de asesores; las cosas iban de mal en peor y los políticos estaban ávidos de ideas nuevas, necesitados de alguien que descubriese el antídoto para el mal que aquejaba a la economía en esos momentos- Un antídoto que bajo ningún concepto podría afectar al nivel de vida de los susodichos, recordó Ana con sarcasmo, mientras colocaba la americana en el respaldo de su silla (si bien era una de sus prendas favoritas, en la intimidad prefería remanganse; tener libertad de movimiento la ayudaba a concentrarse).

  • ¿Quién me habrá mandado meterme en estos verengenales?- se recriminó nada más tomar asiento, dando rienda suelta al sentiminto de impotencia que este tema despertaba en ella- Mi madre- recordó con una cariñosa sonrisa, al tiempo que abría la pantalla de su portátil.
  • Todo el mundo se queja pero nadie hace nada- había dicho su madre sumamente cabreada.

Angeles, su adorada madre, se sentía impotente ante la recesión económica y cuanto ello implicaba. Le preocupaba sobremanera el futuro de sus hijos, estaban comenzando su vida, tratando de caminar solos; eran muchas las veces en que se despertaba a media noche pensando cuanto les duraría el trabajo que desempeñaban en la actualidad. Pero lo que más la enervaba eran los comentarios gratuitos que se escuchaban en la calle; tenía la firme convicción de que lanzándose improperios unos a otros la situación no iba a mejor sino todo lo contrario.

  • ¡Dios, cuanta razón tienes!- exclamó Ana ante el recuerdo de esas palabras.

En verdad había que arrimar el hombro. Al fin y al cabo el Estado no era más que otra gran empresa y ella disfrutaba siendo parte del mundo empresarial. La política no le gustaba especialmente, pero a lo mejor podía aportar algo. Ana, escuchó a los políticos de uno y otro bando, sopesó sus programas y se decidió a poner su granito de arena.

Lo que ella no sospechaba era que la unión hace la fuerza tanto si tienes razón como no y, por desgracia, en los últimos años la clase política se había unido a un movimiento (por llamarlo de algún modo) cuyo único fin era “si tú tienes yo quiero tener más, y a los daños colaterales ¡que les den!”.

Sumida en sus pensamientos, se sobresaltó cuando sonó el teléfono:

  • Ana Moreno- respondió nada más tomar el móvil.
  • ¡¿Ya estás otra vez?!- Fran suspiró al advertir la formalidad apagada en la voz de su hermana- No te veo… pero solo con oírte sé dónde has estado- puntualizó un tanto preocupado. Y yo que te iba a enviar una captura de pantalla de lo hermosa que se ve la ría esta mañana. ¡Cielo despejado en Coruña!- anunció con la única intención de despejar, al menos por un instante la mente de su hermana.

La mente inquieta de Ana no podía descansar ni un minuto y, desde que se le había dado por jugar en el terreno de la política, vivía en un estado de constante tensión. Se la comerían, Fran estaba seguro de ello; su hermana era demasiado recta, sería incapaz de mirar hacia otro lado ante los abusos del poder. Pero mientras ella quisiera seguir adelante, con este proyecto, él estaría ahí para apoyarla cuando fuera necesario.

  • ¡Fran, te digo que no hay manera con esta gente!- admitió con cierto enojo, haciendo caso omiso a la visualización de la ría. Pero al menos ahora escuchaba una voz amiga, apreció sonriente. Relajándose en el sillón , tras quitarse las gafas, se dispuso a escuchar a su hermano.
  • Tranquilízate Ana- la alentó su hermano, tras dar las gracias al camarero que le traía su café de media mañana. Estaba en su rato de descanso, disfrutando de la brisa que llenaba la terraza de la cafetería cercana al hospital. Ojala Ana estuviese allí con él, en momentos como el que ella estaba pasando esa era la mejor medicina; respirar y ver mar- Solo hace un mes que te incorporaste al grupo de asesores, no pretendas cambiarlo todo y a todos de la noche a la mañana- Fran comenzaba a intuir que ese tono de preocupación constante, en la voz de su hermana, no la llevaría a buen puerto. Haría hasta lo imposible para que se relajara un poco, se prometió tras dar un sorbo al café.
  • Vale… puede que tengas razón, pero te juro que a veces me dan ganas…- No. No, no, no, se frenó mentalmente, no tiraría la toalla. Presionándose el puente de la nariz, un acto reflejo en ella cuando estaba tensa, suspiró y retomó la conversación con voz pausada- Paciencia, paciencia, me lo repito hora tras hora durante las reuniones. Soy la paciencia personificada. Sin embargo, me encantaría ser un TSUNAMI en ciertos momentos- exclamó con malicia y enfado.
  • Necesitas respirar- la invitó Fran, haciendo una deliverada pausa en la conversación. Hermanita, te voy a raptar de tu lío neuronal durante un par de días, concluyó Fran con firme determinación tras haber escuchado a Ana- Este fin de semana hemos decidido hacer una escapada a la costa asturiana. ¡Anímate y ven con nosotros!.
  • No creo que esta vez las olas consigan amainar la tormenta que llevo dentro- afirmó categóricamente Ana, tras un gran suspiro. El espíritu negativo que se apoderaba de ella, cada vez que pensaba en esas benditas reuniones, la llevaba a encerrarse en si misma. No le apetecía ver a nadie, no quería amargarle la fiesta a nadie.
  • ¡Hazme caso, quieres! ¿Cuándo te he fallado , señorita? Aunque tú seas la mayor, creo que por esta vez deberías dejarme ejercer de hermano mayor a mí- el tono de Fran era alegre y distendido, lo que menos quería era que Ana se diese cuenta de lo preocupado que estaba por ella.
  • Muy gracioso- Ana hizo una pensativa pausa. Que tierno este hermano mío, aceptó sonriendo ante todo lo que Fran representaba, pero no le fastidiaré el fin de semana- Me pasaré sábado y domingo revisando, cotejando e inventando otra forma de exponer los hechos a esa panda de chupasangres- Quién me mandaría a mí, una inofensiva mosca, asomarme a semejante telaraña, se dijo. Estaba furiosa consigo misma por sentirse impotente, y furiosa con el resto del mundo por haberse dejado arratrar hacia la caída en picado que sufría el país.
  • No- protestó categórico- Te lo pasarás tomando sidra y degustando en compañía algún que otro manjar, mientras dejas que la brisa marina entre en tu cabezota, necesitas despejarte.

Ana se quedó mirando el teléfono con el ceño fruncido, ante la insistencia de su Fran. Francisco, un hombretón de metro ochenta y cinco, complexión delgada, pelo castaño claro y ojos azules de mirada profunda, con alma de niño buscando siempre el mejor modo de mantener viva la ilusión en su vida y en la de cuantos lo rodeaban.

  • No Fran, no tengo cuerpo ni ganas de juerga- protestó con voz cansada.
  • Sí, y no se hable más. Te llamaré para ultimar detalles.

Acto seguido, Francisco cortó la comunicación. No pensaba seguir escuchando excusas tontas por parte de su hermana; necesitaba apoyo psicológico y por Dios que, quisiera ella o no, se lo iba a dar.

  • ¡Será cabezón! Cuando se le mete algo en la cabeza no hay marcha atrás- protestó Ana, mirando el móvil con el ceño fruncido y una mueca sonriente.

Ana llevaba dos años trabajando como analista en el departamento de ventas de una multinacional. Era buena en la suyo, tenía compañeros que la estimaban, ¡¡otros no tanto!!, su jefe era exigente pero sabía reconocer el trabajo bien hecho y frenarte cuando veía que necesitabas desconectar. Por todo ello, no le importaba llevarse trabajo a casa, sabía que la cargaban con trabajo de más, pero no le importaba.

Su vida, después del impresentable de Miguel, el perfecto manipulador de mentes en aras del amor, transcurría entre el trabajo y el trabajo; se había refugiado en él, lo reconocía. El trabajo era un terreno seguro, el amor… un camino desasiado espinoso. Además, cuando te has quemado las pestañas año tras año, para adquirir conocimientos que luego te permitiesen desarrollarte como persona en el mundilo que más te gusta y consigues entrar en el mismo, o te esfuerzas por ser bueno o puede que tus sueños se queden tan solo en eso “sueños” y ella no quería eso, se prometió Ana. Había fracasado en su apuesta romántica, no permetiría que sucediese lo mismo con su apuesta laboral.

Quería, ¿qué quería?… sacar a flote un negocio, el que fuera, estudiar las necesidades de los consumidores y cubrirlas eran el inicio y el fin del ciclo respectivamente, pero lo divertido era jugar con las ideas, ¿Cómo consigo crear esa necesidad?, ¿A quienes quiero destinar el producto?… equilibrar la balanza de tal modo que al final todo el mundo estuviese satisfecho. Equilibrio, esa era la palabra ¡y se lo estaban cargando! Pero, ¿En verdad solo quería eso, una vida basada única y exclusivamente en el trabajo?

No. En su momento quiso algo más, una pareja, su propia familia… Vamos, el paquete completo de las películas Disney. Pero no había sido posible, al menos no con Miguel. ¡Dios! sólo con pensar en lo sucedido su cuerpo se descomponía. ¿Cómo podía engañar tanto una persona? No lo sabía, ¿Bipolaridad? Tal vez. Lo que sí tenía bien claro es que no se embarcaría en otra relación. En el último año su lema era “Sexo sí, Amor no” que le den al amor con mayúsculas.

Por otro lado, su hermano tenía razón, en algún momento tendría que desconectar su sistema neuronal. Ya no es que siguiera llevándose el trabajo a casa, es que dormía con él, no había jornada laboral si no treinta días en los cuales no pasaba ni un momento sin darle vueltas a como exponer sus ideas de manera que le entrasen en la cabezota a los supermegachachiguais de sus compañeros de partido. ¡Oh Fran!, una sonrisa asomó a su rostro, el peque había crecido y ella admiraba su positivismo ante la vida y cuanto problema se le presentara en su día a día. Si pudiera contagiarse con un poco de su optimismo… valoró antes de sumergirse en las tablas de resultados que le mostraba la pantalla de su portátil. Su cabeza seguía dando vueltas a cuanto había escuchado en la reunión de esa mañana. Cuando se metió en política solo iba a compaginar el trabajo con echar una mano a sus compañeros de partido, y sin embargo ahora, esto último la estaba engullendo . ¡Oooooh Diossss!

¡Bueno nena, por lo menos sabemos que eres buena para algo!- concluyó mientras analizaba las tablas, en un vago intento de darse ánimo- aunque de momento no nos hagan caso, pues en lo personal no hay manera- afirmó quitando importancia al tema, al tiempo que llegaban más archivos a su pantalla- Fueron tres las veces en que pensamos haber encontrado a nuestra media naranja, pero chatina, vas a tener que mejorar el radar, no todo el mundo es bueno, tal vez algún día termines por aceptarlo.

Y ahora mi hermano, el biólogo, insiste en llevarme de paseo para que se esfume mi cabreo y despeje mi mente. Mi Fran, se dijo acompañada de una sonrisa, cuando estás lejos del hogar interaccionas a diario con personas de todo tipo, si no eres hermitaño, te esfuerzas por ganarte un hueco entre ellas, pero al final, cuando buscas apoyo y consuelo, incluso cuando quieres celebrar lo bueno que te haya podido pasar, reclamas la presencia de los tuyos. Cuan gratificante es saber que siempre están ahí para tí, pensó Ana, que siempre puedes contar con ellos. No tendría un compañero de viaje con el cual desahogar sus penas y celebrar los triunfos, pero tenía una familia que le aportaba tales dosis de amor, cariño y comprensión que superaban con creces todo lo demás.

Mientras Ana se perdía, encerrada en su despacho, entre reflexiones sobre pasado y presente, en el CHUAC de Coruña, Fran seguía decidido a organizar el perfecto fin de semana para su hermana y para ello necesitaba de Alberto y Luci, sus incondicionales.

  • Fran cuenta, me pillas liado, tienes dos minutos, ni uno más- la voz de Alberto era fuerte y decidida, había respondido al tono de llamada de su móvil porque era Fran, y este no le llamaría en horas de trabajo a no ser que fuera algo urgente.
  • Me llega con uno- él también sonaba decidido- Alberto ¿A qué hora terminas el turno?
  • A las cuatro- contestó intrigado.
  • ¿Quedamos a las seis donde siempre?- le consultó manteniendo el tono firme de su voz.
  • Hecho, te dejo- ¡¿Qué misterio se trae este ahora?! se permitió especular Alberto mientras guardaba el móvil en el bolsillo de su bata. La consulta de cirujía cardíaca estaba a tope esa mañana, por ello dejó las especulaciones para más tarde y se centró en el trabajo.

Estaba claro que la peque pedía auxilio a gritos sin decirlo con palabras, reafirmó Fran mientras tomaba la muestra que anteriormente había puesto en el porta y la llevaba al microscopio. Organizaría un tranquilo finde con Alberto y Luci “sus incondicionales” y le daría a su hermana esa bomba de oxígeno que tanto necesitaba.

Fran era biólogo, hacía un año que había aprobado el BIR y entrado a trabajar en el Hospital Clínico de Coruña, en el cual Alberto era cirujano. Se conocieron cuando operaron a su madre del corazón, Alberto estaba a cargo de la intervención y ambos congeniaron desde un principio. Fran podía estar hablando todo el rato, tenía la virtud de consegir que te evadieras de las preocupaciones del día a día, era imposible aburrirte con él, no podía estarse quieto más tiemo del necesario para “jugar en el laboratorio”, cómo él decía; por ello organizaba escapadas en su tiempo libre con sus tres personas favoritas. Pero además, Fran era amigo de sus amigos, podría parecer un niño grande, pero era sólido cómo una roca cuando necesitabas apoyarte en él y eso era algo que Alberto valoraba sobremanera.

Por el contrario Alberto, Al para los amigos, era observador, intuitivo, sabía escuchar. Cuando no estaba trabajando le gustaba disfrutar de su cocina, su hora diaria de footing por Riazor, la buena música y las vistas al mar que tenía desde su casa. No dudaba en frenar los impulsos de su amigo si veía que su manera de ir por la vida, pensando que todo el mundo era bueno, le podía jugar una mala pasada. Ambos eran dos guaperas, cada uno en su estilo, pues si Fran era de complexión delgada, Fran tendía a todo lo contrario; por ello no se saltaba jamás su sesión de ejercicio hasta que el músculo vencía la batalla a la grasa

En cuanto a Luci, era su compañera de piso, cómplice y confidente, estudiaron juntos Biología y en ese período de tiempo se habían apoyado uno al otro. ¡Cuántas veces se habían reído del caos que surgía en ambos durante la época de exámenes! La de veces que lloraron uno en el hombro del otro cuando se sentían impotentes ante un examen… fueron muchas las ocasines que pasaron en uno y otro departamento protestando ante adjuntos y tutores… Eran dos almas libres con una peculiar diferencia: la de Fran era práctica, la de Luci soñadora. Ellos dos ya habían hablado sobre qué hacer sábado y domingo, faltaba Alberto, pero no creían que pusiera pegas.

  • Hola Toni. Lo de siempre por favor- Tras saludar al camarero, el doctor Alberto Caballero hizo un barrido visual por la Marina en un intento por localizar a Fran, pero como siempre, este llegaba tarde.
  • ¡Alberto! ¿Qué tal tu día tío?- lo saludó efusivo Toni, mientras le servía su vino.
  • No estuvo mal- aceptó Alberto mientras tomaba su copa de Viña Real Gran Reserva 2005 para, acto seguido, irse a la terraza de su rincón favorito en A Coruña. Se podía contemplar la ciudad desde allí sin sentir el ir y venir del tráfico ni los transeúntes, solo la brisa y unas magníficas vistas de la ría. Había sido un día duro pero con balance positivo, tenía entre manos un caso que le preocupaba sobremanera pero, encontraría la solución. Él era así, lo negativo no existía, no valía la pena ahondar en la negatividad y sí buscar soluciones.

Le gustaba su profesión, valoraba la vida y luchaba por ella todos los días ¡¿Acaso hay algo mejor a lo que dedicarse!? analizó satisfecho, saboreando su copa. Por supuesto que no hay nada mejor que ver a un paciente, cuya existencia se ha paralizado por que su motor de vida ha protestado, y poder decirle “te ayudaré, haré cuanto esté en mis manos y tú y yo juntos saldremos de esta”. Claro que también estaban los casos en los que poco se podía hacer, pero gracias a Dios eran los menos.

  • Lo siento, llego tarde… como siempre- acepta Fran tras una breve pausa, sonriendo al gesto de impotencia de Al mientras toma asiento a su lado- Un día de estos me animaré a adelantar el reloj un cuarto de hora y así llegaré puntual, prometido- la impuntualidad y Fran iban de la mano, pero ese defectillo era compensado con creces por su carácter afable y sentido de la amistad; cuándo necesitabas algo tardabas más en pedírselo que él en darlo, pero en verdad era un caso crónico de impuntualidad y desorden.
  • ¿Qué pasó?- la cara de guasa de Al no se hizo esperar- ¿Luci te ha obligado a recoger el salón antes de salir?
  • Joder tío, ¿Qué les pasa a las mujeres con el orden?- Fran alzó los brazos en señal de impotencia- ¡Si estaba ordenado!… a mi manera- puntualizó con guasa haciendo un guiño a Al- pero ordenado. Menos mal que solo compartimos piso, no creo que pudiésemos compartir mucho más- este último comentario consiguió que Alberto alzara su ceja derecha al tiempo que suspiraba y movía su cabeza en señal de desacuerdo; el día en que esos dos se dieran cuenta de lo que significaban en verdad el uno para el otro se reiría de ambos, y con ganas- Adoro a esa culo inquieto, pero es demasiado maniática con la limpieza- concluyó Fran para acto seguido dar un sorbo a su cerveza.
  • Ok, lo que tú digas- aceptó Al levantando su copa en un amago de brindis. Cambiando el tono de la conversación de distendido a preocupado, volvió a tomar la palabra- Y ahora, volvamos al principio de la conversación ¿Puede saberse porqué narices me has llamado en plena consulta? ¿Qué estás tramando ahora?- estaba con la mosca tras la oreja después de haber recibido esa llamada; Fran no era de los que interrumpían sin más en horas de trabajo, todo lo contrario. Al igual que él, cuando estaba trabajando se metía en su burbuja y no solías saber de su persona hasta que terminara la jornada.
  • Una emergencia familiar- contesta con decisión. Al ver la expresión de alarma en el rostro de su amigo alzó una mano para tranquilizarlo- Es Ana- la mirada de Alberto se iluminó solo con oír ese nombre, pero saber que se trataba de ella, de la mujer que, solo su amigo sabía, lo ponía como una moto, lo intranquilizó más- No es Miguel, tranquilo. Ahora se le ha dado por querer salvar al mundo de la ineptitud de los políticos y eso la está consumiendo. He pensado que necesita un cambio de aires con urgencia. ¡De lo contrario mucho me temo que terminarás siendo su… médico! y me temo que te gustaría más ser… otra cosa- concluye maliciosamente encantado.
  • Fran, deja ya esa sonrisa- le advierte – Tu hermana me cae… más que bien, y lo sabes. Me vuelve un poco loco cada vez que la veo, pero nada más ¿Entendido?- ¿Tanto se notaba el efecto que producía en él cada vez que la tenía cerca? analizó preocupado por un segundo- ¿Qué sucede?
  • Es complicado, como ella, pero ya te enterarás de cuan complicada es cuando te decidas a dar el paso- lo invita alzando su jarra de cerveza-. He pensado hacer una escapada este fin de semana a Asturias, tú, Luci, Ana y yo. Hay un pueblecito en la costa que no está nada mal- Ante el gesto de advertencia de Al, Fran se apresuró a puntualizar- Muy tranquilo, mar, montaña… tranquilidad absoluta, nada de pubs, nada de ambiente nocturno… no protestes, es lo que buscas siempre que no estás trabajando- es lo que necesito cuando no estoy trabajando, lo corrigió Alberto mentalmente.
  • ¡Serás liante!- el puño del Alberto fue a parar al hombro de su amigo en señal de aprobación de su plan.
  • Salimos el viernes por la tarde y regresamos el domingo a media mañana- dicho esto, Fran dió un nuevo trago a su cerveza y espero unos segundos intuyendo alguna objeción por parte de Al- Parece un viaje relámpago pero el sitio merece la pena. Venga, no te hagas de rogar- prosiguió con un guiño cómplice- ¡Al fin y al cabo, te llevo a ver a Ana!
  • No sé qué te traes entre manos- Al levantó su ceja derecha, lo miró inquisitivamente y dijo- pero me apunto.
  • Lo sabía, ya he hecho las reservas- celebró con una sonrisa cómplice y, tras dar otro sobro a su cerveza le dió un codazo entre las costillas; ese gesto era un brindis muy particular entre ellos.

El jueves, a las cinco de la tarde, nada más llegar a casa llamó a su hermana, pensó que la encontraría en su despacho, sin embargo no fue así.

  • Vamos nena, contesta el móvil- pero, por más que insistía, el otro lado de la línea permanecía en silencio- No hay manera, le daré media hora más y luego vuelvo al ataque- decidió, al tiempo que posaba el móvil en la mesa repleta de revistas científicas que descansaba frente al sofá.

Echando una fugaz mirada a la terraza contigua al salón, decidió a que dedicaría su tiempo mientras esperaba para llamar a su hermana. Fran no solo disfrutaba con su trabajo en el laboratorio, también con sus plantas; por ello, se dispuso a disfrutar de la jardinería hasta que Ana diese señales de vida.

  • Nos pondremos cómodos y mimaré un poco a mis niñas mientras espero para hablar con mi otra niña.

Y eso hizo, se dió una ducha rápida, se enfundó en unos Levi´s desgastados para, acto seguido salir a la terraza. Había que comprobar la humedad de la tierra, si las hojas mostraban signos de enfermedades, falta de vitaminas, en fin… había que mimarlas. Cuando se encontraba entre sus plantas pensaba en su siguiente paso en la vida: algún día encontraría a esa persona especial, que todos buscamos inconscientemente, y los dos darían vida a una familia a la cual habría que mimar, vigilar y cuidar igual que a sus plantas.

Estaba en su mundo cuando sonó el teléfono.

  • Hola hermanito, he visto tus llamdas perdidas- y nunca mejor dicho, las había visto pues no oído; se encontraba en su Lancer intentando relajarse mientras conducía y se dejaba llevar por Cold Play- ¡¿A qué dedicas tu tiempo libre?!- preguntó con tono alegre.
  • Poca cosa… pero muy gratificante- cambió de chip inmediatamente, tenía que venderle la excursión a su hermana sí o sí- ya sabes que cuando estoy en casa el mundo vegetal es lo primero.
  • De mayor quiero ser como tú- Ana aparcó su bolso en el armario de la entrada y se dispuso a salir al porche, porque en algo si tenía razón su hermano, solo con admirar el jardín todo parecía más fácil. Cuando Francisco se sentía atormentado por algo se volcaba en sus plantas; sus niñas, como él las llamaba, le aportaban el silencio y la energía que necesitaba para tomar decisiones.
  • Pues empieza escuchando y aceptando. Mañana viernes te esperamos en Barro- no saltes Ana, pensó Fran.
  • ¡¡Eh, eh, eh,!! ¿En dónde? ¿Por qué?- Ana se paró en seco, ¿Qué le había dado a su hermano? ¿De qué le estaba hablando?
  • ¿Será posible peque? este finde playa- comenzó a caminar por la terraza mientras se toqueteaba el pelo- Lo hemos hablado ayer. Ya veo que la idea no te hizo mucha ilusión, la has borrado del disco duro. ¿Tanta tortura supone para ti disfrutar de tu hermano un par de días?
  • Fran, no estoy de ánimo, no quiero aguarte la fiesta- su alegría se había esfumado, no quería discutir con su hermano, ella necesitaba su alegría y positividad, no sus exigencias.
  • Playa, Barro, tu hermano te reclama- le suplicó Fran con vocecita de chico perdido y necesitado.
  • Vale, vale, vale- ese tono en su hermano siempre la hacía reír- Y ¿Dónde queda ese paraíso?
  • Asturias patria querida…- le informó cantando- Te encantará- satisfecho consigo mismo apretó el puño impulsando su codo hacia atrás se dijo ¡¡bien!!
  • No podré salir de León antes de las siete- contestó Ana con voz resignada. Buscaría el lugar, lo introduciría en el GPS y haría la bolsa de viaje, de sobra sabía que si no lo hacía ya, mañana no tendría tiempo.
  • Guay, te esperamos para cenar- le lanzó unos besos por teléfono y se felicitó por ganarle esa batalla a su hermana- Te quiero enana.
  • Y yo a ti, guaperas.

Bueno Ana, a organizarse, concluyó nada más cortar la llamada. Leggins, camisetas, la chaqueta larga de punto y las convers. Quizás Fran tenga razón, un par de días para hacer… nada, vaquear, disfrutar de la arena, el sol y el mar.

Amor in crescendo

Me atreví a amar
y hoy... hoy me pregunto

Por qué
nos cuesta tanto aceptar
lo absurdo de despertar
cuánto hirió nuestra verdad.
Por qué
nos empeñamos en retener
los fallos del ayer
si el hoy es otra realidad.

A dónde queremos llegar,
si pesa más lo que hirió
que el amor,
si persiste la venda en la mirada,
esa impregnada de erróneas respuestas,
rencor nacido de dañar al amor.
Hacia donde nos lleva
este mundo de dos
si evitamos mirar al presente,
espacio hablando de amor latente.

Aceptemos la nueva realidad.
Hoy... hoy te pregunto

Por qué
ha de pesar más el ayer,
un interludio entre etapas
que nos ayudó a crecer.
Por qué
te empeñas en mantener
cuanto nos lleva a perder
la esencia de este querer.

A dónde pretendes llegar,
si pesa más la herida
que el amor.
Llegó la hora de olvidar
cuanta palabra rompió
la confianza en este indudable amor.
A dónde queremos llegar,
si no aceptamos la verdad.
Hubo fallos en los dos,
pero una única realidad
hoy el amor gana al error.

Solemoreira

¡Bendito enredo!

¡Bendito enredo!

¿Cómo salir de este enredo?
Dos amores distintos que son complemento,
el amor afable... el amor fiero,
el que siento hogar...
el que me lleva al más puro deseo.

¿Cómo salir de este enredo?
Lucha continua entre lo que tengo y lo que siento,
locura presente cuando me lanzo al aventurero,
pausada calma nada más ver al que es mi dueño.

¿Cómo salir de este enredo?
Si aún amando a mi dueño...
no puedo olvidar el deseo por aquel que siento.
Amor fuego... amor quiero

Y así pasan mis días entre locura y desespero.
¡Y es que me puede el amor bohemio!
aquel que habita mi sueño
el que absorbe cada uno de mis poros,
el que me lleva al infierno.
Pero, hum... bendito infierno.

¿Cómo salir de este enredo?
Ansia de ser hoja llevada por el viento,
gusto de ser árbol creciendo en su huerto.
Amor que abraza la noche de mi sueño,
amor que me sostiene y sostengo.

¿Cómo salir de este enredo?
Juvenil infidelidad que no entiende de miedo,
porque es pura imaginación, ficción e ingenio.
Gratificante despertar de mi yo bohemio.

¿Cómo salir de este enredo?
Familiaridad amable caminando con te quiero,
la que brinda espacio entre beso y beso,
la que no enciende apremiante deseo.
Y así me quedo mirando a la luna mientras pienso,
si quedarme con aquel por el cual vivo
o lanzarme en busca de aquel por el cual muero.
Bendita locura nacida de mi yo bohemio,
aquella que captó mis ganas de vivir con apremio


Sole Moreira
Hilando palabras

Cambia de emisora #contagiavida

Cambia de emisora
#contagiavida


Confinado, en un mero intento
de activar cuanto sopor
hoy adormece,
tu vida.
Inmerso, en el mundo "Casi"
abrazo mera intención,
beso igual...
a caricia.
Horas, antojándose impropias
para vivir sin miedo
cuanto improvisa,
el día.
Vuelcas tu fuerza en no tropezar,
aletargando el corazón...
difuso sentir,
de vida.

Huyes inmerso en un casi,
temiendo se habra de nuevo la herida,
contando cansado las horas hacia un nuevo día,
dormido en un sueño que todo lo olvida.

¡Cambia la melodía!
Una emisora digna protesta a la apatía.
Despide el miedo a la derrota.
¡Conjuga tu esencia atrevida!

Solemoreira
Hilando palabras